Sitúa la mesa de lado a la ventana para evitar reflejos directos, usa cortinas translúcidas para suavizar, y deja que el cielo marque ritmo sin dominar. Las sombras suaves aportan profundidad, mejoran lectura de texturas y reducen fatiga. Observa una semana y ajusta posiciones según estaciones, clima y tareas recurrentes.
Elige lámparas con regulación de intensidad y temperatura de color, preferentemente 2200–6500 K, para pasar de enfoque nítido a descanso cómodo sin cambiar de lugar. Difusores adecuados reducen deslumbramiento y parpadeo molesto. Una lámpara de tarea dirigida complementa la general, manteniendo equilibrio entre claridad en el plano y calidez ambiental.
Superficies mates y colores neutros evitan reflejos que distraen. Un contraste moderado entre mesa, papel y pantalla mejora legibilidad sin forzar. Añade acentos cálidos en detalles textiles para la tarde, y mantén organizadores claros que no absorban luz. La armonía cromática facilita decisiones y sostiene la concentración con menos esfuerzo invisible.
Baja la iluminación general al 30% una o dos horas antes de dormir y pasa a 2200–2700 K. Mantén puntos de luz indirecta que guíen sin invadir. Este ritual simple reduce alertas innecesarias, estabiliza el ánimo y crea un puente sensorial entre el día productivo y la noche verdaderamente reparadora.
Baja la iluminación general al 30% una o dos horas antes de dormir y pasa a 2200–2700 K. Mantén puntos de luz indirecta que guíen sin invadir. Este ritual simple reduce alertas innecesarias, estabiliza el ánimo y crea un puente sensorial entre el día productivo y la noche verdaderamente reparadora.
Baja la iluminación general al 30% una o dos horas antes de dormir y pasa a 2200–2700 K. Mantén puntos de luz indirecta que guíen sin invadir. Este ritual simple reduce alertas innecesarias, estabiliza el ánimo y crea un puente sensorial entre el día productivo y la noche verdaderamente reparadora.
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